Dímelo

La pandemia reveló desigualdades en comunidades Latinx

El Este de Los Ángeles y Boyle Heights han sido mayormente afectadas por la pandemia del COVID-19, parte del problema ha sido la falta de recursos cuando se comparan con las comunidades más prósperas en Los Ángeles.

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Ha pasado un año desde que el condado de Los Ángeles, junto al resto del mundo, entró en cuarentena debido a la pandemia del COVID-19. Las cifras muestran que el Este de Los Ángeles y las comunidades aledañas han sido las más afectadas, no sólo por los altos índices de personas contagiadas y muertes, sino también por la falta de pruebas, y más recientemente, por acceso a la vacuna.

La senadora del estado de California, María Elena Durazo, quien representa el distrito 24 que incluye el Centro y Este de Los Ángeles, dijo que no debería sorprendernos que estas sean las áreas más afectadas, y que estos problemas no son nada nuevo.

“Son problemas sistemáticos,” dijo Durazo. “No es algo que haya sucedido por la pandemia. Dichos problemas ya estaban allí, arraigados en la comunidad mucho antes de que empezara la pandemia.”

Desigualdades desde el inicio

En un principio, los casos de COVID-19 no eran tan altos en las comunidades del Sur y Este de la ciudad. De acuerdo con datos proporcionados por el Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles (DPH por sus siglas en inglés), el 20 de marzo del año pasado la concentración de casos de COVID-19 se encontraban en el Oeste de los Ángeles, comunidades como Beverly Hills, Brentwood, Pacific Palisades y Westwood.

Sin embargo, datos sobre los índices de prueba del COVID-19 por vecindario, revelaron que esa podría ser la causa de los bajos índices de casos en comunidades del Sur y Este de Los Ángeles.

El 30 de abril, en áreas como el Este de Los Ángeles, Boyle Heights y City of Bell, los índices de pruebas del COVID-19 eran de entre 600 y 700 por cada 100,000 habitantes. Por otro lado, en las áreas más prósperas de Los Ángeles cómo Beverly Hills, Bel Air y Malibu, entre 1,700 y 5,400 por cada 100,000 personas recibían dicha prueba.

“Siento enojo legítimo de ser excluidos, una vez más,” dijo Durazo. “¿Por qué? Nosotros merecemos [acceso a las pruebas] al igual que el resto de la población, nosotros aportamos a este sistema.”

Parte del problema, de acuerdo a la Vicepresidenta del Consejo del vecindario Boyle Heights, Wendy Castro, era que los recursos no estaban adaptados a la gente de la clase trabajadora. Castro mencionó que los primeros sitios de prueba nada más estaban abiertos durante horas cuando la mayoría de personas de la clase trabajadora no podrían ir.

“Definitivamente hay soluciones que intentan llegar a estos vecindarios y comunidades como Boyle Heights, pero la mayoría del tiempo [dichas soluciones] vienen de individuos que no conocen la región,” dijo Castro.

Ansiedad y miedo a la incertidumbre

Estas desigualdades se han ido cerrando poco a poco. Lourdes Olivares, directora de operaciones de Via Care Community Health Center, dijo que ellos han estado muy ocupados ayudando a las personas de comunidades desfavorecidas.

“La mayoría de nuestro personal es completamente bilingüe para asegurarnos de satisfacer las necesidades de la comunidad en East LA. Pudimos utilizar esa confianza que hemos creado con la comunidad para llamarlos y contactarlos por teléfono, y volver a conectarlos con nuestros médicos y enfermeras para asegurarnos que sigan en contacto con nosotros,” dijo Olivares.

Las brechas con respecto al acceso a las pruebas del COVID-19 indicaron que los casos de COVID-19 en el Este de Los Ángeles y comunidades aledañas eran de las más altas en el condado.

Datos del 31 de mayo del 2020, revelaron que el Este de Los Ángeles tenía el mayor número de casos en el condado de Los Ángeles: 877 por cada 100,000 habitantes. Mientras que en Boyle Heights la cantidad era aún más alta: 930 casos por cada 100,000 habitantes.

Esas cifras son tres veces superiores a los casos que existían en comunidades como Malibú y Brentwood, las cuales tenían menos de 300 casos por cada 100,000 habitantes.

“Cada vez que algún problema golpea nuestra nación, si vemos [por ejemplo] las guerras o esta pandemia, si nos fijamos una vez más en la desproporción que existe en la educación, la desproporción en el acceso a la salud… Siempre es la comunidad BIPOC la que más sufre,” dijo Castro, refiriéndose a las comunidades indígenas y de color.

Para mediados de enero del presente año, 1 de cada 600 personas habían muerto tanto en el Este de Los Ángeles como en Boyle Heights, poniendo estos vecindarios en el top 20% de índices de muerte en todo el condado de Los Ángeles.

Durante todo este tiempo, Castro, Durazo y Olivares notaron que el miedo, la ansiedad e incertidumbre, dominaba entre estas comunidades.

“Es la ansiedad y el miedo a lo desconocido porque no sabemos qué pasará después,” dijo Castro. “¿Quién de nuestros familiares o amigos desafortunadamente será el siguiente en morir?”

Llega la vacuna

Una vez que la vacuna llegó al condado de Los Ángeles, la historia se repitió y pudimos ver esa desigualdad entre las comunidades más prósperas y las comunidades de clase trabajadora. Cifras del DPH muestran que el Este de Los Ángeles y comunidades vecinas tenían los índices de vacunación más bajos, incluso entre las personas de la tercera edad.

Datos publicados el 26 de febrero por el DPH, indicaron que tanto en el Este de Los Ángeles como Boyle Heights, alrededor de 11% de su población mayor de 18 años se había vacunado. Y aproximadamente 45% de su población de 65 años o más había recibido la vacuna.

En cambio en vecindarios ricos de Los Ángeles como en Bel Air, Brentwood and Pacific Palisades, las cifras eran casi el doble o incluso el triple de las cifras del Este de Los Ángeles y comunidades circunvecinas.

El mapa representa el porcentaje de personas de 18 años de edad o más que han recibido la vacuna por vecindario en el Condado de Los Ángeles.

Fuente: Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles. Datos del 8 de marzo del 2021.

Una luz al final del túnel

Funcionarios han empezado a abrir más centros de vacunación en las comunidades desatendidas y han dedicado más dosis a las comunidades que tengan menos del 25% categorizados por el Índice de Lugares Saludables, HPI por sus siglas en inglés, que incluye muchos factores como educación, ingresos y acceso a la salud.

Olivares, la representante de Via Care, confesó sentirse emocionada que están prestando más atención a las comunidades que más lo necesitan.

“Mientras haya más recursos disponibles, nos da ese sentimiento que hay una luz al final del túnel,” dijo Olivares. “Poco a poco llegaremos allí.”

Sin embargo, Olivares también expresó que le hubiera gustado que dicha ayuda hubiera llegado antes.

Por su parte, Castro dijo que espera que todas las vidas de las personas que murieron debido a estas disparidades entre las comunidades, no hayan sido en vano. Expresó que se está empezando a observar con más conciencia estas desigualdades, y espera que se trabaje en el futuro para solucionar estos problemas.

“Es enfurecedor que algo de esta magnitud tuvo que haber sucedido para que Estados Unidos por fin despierte y se dé cuenta de las desigualdades que los individuos BIPOC enfrentan de este lado de la frontera,” dijo Castro.

La senadora estatal, Durazo, también espera que estas diferencias sean abordadas incluso después de la pandemia.

“¿Cómo miramos hacia adelante? ¿Cómo nos aseguramos que las personas tengan acceso a la salud después de que termine la pandemia? Tenemos que pensar no solo en el ahora, sino también en el futuro,” sentenció Durazo.

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